Piso vacío antes de entrar a vivir
Qué lo condiciona: normalmente hay fecha de mudanza cerrada y esa fecha manda. A cambio, es el escenario más cómodo: sin muebles, se trabaja de corrido y se llega a todos los rincones.
Cómo se organiza: se protegen suelos con cartón o film, se retiran mecanismos y se pinta estancia por estancia sin tener que mover nada. Es el momento de alisar gotelé, reparar grietas o cambiar el color de la carpintería, porque el polvo de lijado no molesta a nadie.
Qué incluye: reparación completa de paredes y techos, imprimación, acabado, esmaltado de puertas y marcos si entra en presupuesto, y entrega con la vivienda barrida y los mecanismos montados.
Vivienda habitada, con los muebles dentro
Qué lo condiciona: tienes que seguir haciendo vida ahí. Eso obliga a trabajar por fases y a dejar cada noche la casa utilizable: la cocina en marcha, un baño libre y una habitación para dormir.
Cómo se organiza: se agrupan los muebles en el centro de cada estancia y se cubren con film, se protegen suelos y rodapiés, y se aísla la zona en obra con plásticos para que el polvo no viaje al resto de la casa. Se usan pinturas al agua de bajo olor y se ventila.
Qué incluye: movimiento y protección del mobiliario por nuestra parte —tú solo retiras objetos personales, electrónica y lo que tenga valor sentimental—, la pintura, y recolocación al terminar cada zona.
Piso de alquiler entre inquilinos
Qué lo condiciona: la ventana entre una salida y una entrada suele ser corta, y el objetivo es dejarlo presentable con un gasto medido, no reformarlo.
Cómo se organiza: primero una revisión de lo que hay: agujeros de anclajes, rozaduras de muebles, manchas de humedad en zonas de ventana. Se plastece, se lija y se da un blanco de refresco en paredes y techos. Si el propietario no está en la ciudad, se coordina con llaves y se envían fotos del avance.
Qué incluye: tapado de agujeros y desperfectos, dos manos en paredes y techos, repaso de carpintería si lo pide el estado, y factura a nombre del propietario o de la administración de fincas.
Comunidad de vecinos y zonas comunes
Qué lo condiciona: aquí decide una junta, no una persona. Hay que dar un presupuesto que se pueda leer y votar, y luego trabajar sin cortar el paso a los vecinos ni bloquear portales, ascensores o buzones.
Cómo se organiza: se pinta por tramos de escalera, dejando siempre un lado transitable y avisando con cartelería del tramo en obra y del tiempo de secado. Los horarios se acuerdan con la administración. En patios de luces y fachadas se monta andamio o se trabaja con medios verticales, con el seguro de responsabilidad civil en regla.
Qué incluye: presupuesto desglosado para la junta, saneado de desconchados y fisuras, pintura de paredes, techos y barandillas, y esmaltado de puertas de entrada a viviendas cuando la comunidad lo aprueba.
Local comercial
Qué lo condiciona: cada día cerrado cuesta dinero. Por eso lo habitual es trabajar fuera del horario de apertura, en fin de semana, o concentrar la obra en un cierre corto pactado de antemano.
Cómo se organiza: se protege género, mostradores, rótulos y suelo técnico; se desmonta lo que estorbe y se vuelve a montar. En locales con instalación vista —conductos, bandejas, luminarias— se define antes qué se pinta y qué se respeta, porque eso cambia el precio y el tiempo.
Qué incluye: preparación y pintura de paredes y techos, esmaltado de elementos metálicos y carpintería, y entrega del local limpio y operativo para abrir al día siguiente.
En todas ellas el criterio es el mismo: presupuesto cerrado por escrito antes de empezar, protección antes que brocha, y una revisión final contigo delante y con la luz encendida, que es cuando se ven los detalles. Si algo cambia durante la obra —una humedad que aparece al rascar, una pared que pide más reparación de la prevista—, se para, se te enseña y se decide contigo. Nunca aparece en la factura final sin haberlo hablado.